Que me cuesta mucho escribir, pero hay silencios que uno no puede, o no debe permitirse. Así que, mientras encuentro la forma de contar lo que me ocurre últimamente, recupero mis fotos y edito mi propio material, miren, lean, y apoyen. Ah! Y estén atentos a sus pantallas
Caballo de Troya, de Rolando de la Rosa (México) Foto del gran Pepe Caparrós
“Cámara” es una expresión que Nadia, mi amiga-hermana mexicana, decía contínuamente, y que significa vale, ok, venga va, cámara, nos entendemos.
Casualmente, acabé dando con ella un mini-curso de fotografía a los niños de El Tecolote, un pueblito del desierto. Fue muy corto -sólo pudimos estar una tarde y la mañana siguiente- pero muy divertido y creo que todos aprendimos un montón.
Luego, preparamos para cada niño un cuaderno que pretendía ser algo más que un álbum de fotos: intentamos que sirviera para recordar lo que habíamos aprendido, tanto haciendo fotos (cosas básicas como no cortar la cabeza) como conviviendo (compartir la cámara, aprender de lo que hacen los demás, etc.). Les animamos a escribir en los cuadernos, a hacerlos suyos.
Y yo me comprometí a conseguirles 4 cámaras digitales, para que puedan seguir practicando y aprendiendo. Ya en Madrid, varias personas me han dicho que tienen cámaras que ya no usan y están bien, y no me parece mala idea… ¿tienes una cámara que no uses? ¿te apetece mandársela a los niños de El Tecolote? Cámara :)
Suddenly I found myself on Times Square. I had traveled eight thousand miles around the American continent and I was back on Times Square; and right in the middle of a rush hour, too, seeing with my innocent road-eyes the absolute madness and fantastic hoorair of New York with its millions and millions hustling forever for a buck among themselves, the mad dream-grabbing, taking, giving, sighing, dying, just so they could be buried in those awful cemetery cities beyond Long Island City.
parece que la lluvia del desierto me ha quitado las nubes de la cabeza, los nudos del corazón, las trabas de la lengua, el ceño de la mirada. y es que no hay como tener un deadline razonable para volverse eficiente.
La mosquita muerta se atrevió a hablar al Juez Supremo sobre compasión. A su manera, además: con datos documentados. Dijo que la prestigiosa universidad de Wadus-Wadus había hecho un estudio sobre la compasión, que primero consistió en definir el término y luego, en analizar cuantitativamente qué colectivos eran más compasivos: los religiosos o los no religiosos.
Entendiendo el concepto como “la capacidad de un individuo para ponerse en los zapatos del otro”, los resultados fueron los siguientes: aunque, individualmente, los valores de compasión más altos los ostentaban personas religiosas, de media eran mucho más compasivas las personas no religiosas.
El Juez Supremo dudó entre dientes la credibilidad del estudio, se recordó a sí mismo la infinita compasión de Baba, y luego calló. Ella siguió comiendo arena.
En todos los rincones del país me encuentro a doñita comal: la señora que prepara tacos, gorditas o quesadillas en su plancha redonda.
Envuelta en su delantal de enormes bolsillos y rodeada de cajas de plástico con los ingredientes, la doña prepara y sirve los antojitos con las manos. A la hora de cobrarlos, sin embargo, se pone guantes de plástico. Por higiene :)