Puede que camines tan lejos que que resulte difícil volver a lo que es normal, a lo que era antes un trabajo, ¿un hogar? Se camina hacia algo nuevo. Cuando se camina lo suficiente, se empieaza a sentir que uno se ha embarcado en una larga peregrinación. ¿Por qué interrumpirla? ¿Por qué no seguir? ¿Hacia qué? ¿Hacia quién? ¿Hacia dónde? No lo sabemos. Caminamos.
¿A qué había venido a París? A nada. Quería callejear. Quería holgazanear. Quería quedarme en la cama. Quería quedarme sentado en el alféizar de la ventana de la habitación del hotel y mirar a los transeúntes. Mayores planes no tenía. Bueno sí, quería tomar unas notas.
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["Caminar (o el arte de vivir una vida salvaje y poética)": un must para almas viajeras, de Tomas Espedal. Gracias a Melchor/Mariajo, que siempre, siempre trae buenos libros por Navidad]








