A mí me gusta mirar a los ojos y sonreir a la gente que me cruzo por la calle. Incluso saludar: hay quien queda desconcertado, pero suele funcionar. No cuesta tanto.
Hoy, en uno de los momentos más felices de mi día (mañana soleada, paseandito con mi abuelo por la calle: un lujo), me han escupido. Así, tal cual. Sólo he podido ver a una mujer que caminaba de espaldas como si nada. Será que la han sonreído poco.
¡joder-joder-joder! Que hasta hace un rato ni me he enterado de los atentados, y que son brutales. Que era fácil que yo hoy estuviera en el aeropuerto de Argel, para volar al Sáhara… Que Raquelita y Óscar están allí, y es muy duro. Que el mundo está hoy un poco más loco…
Empiezo a pensar que todo esto tiene moraleja. Algo así como
“deberías ponerte hasta las trancas en las noches de farra, porque si no, tu cabeza jamás se acostumbrará a los chutes anfetamínicos producidos en las escasas oportunidades de enamoramiento transitorio que tienes ocasión de experimentar”
No puedo decir quién lo ha escrito, pero es de confianza :-)