libros, aristocracia y belleza
Lunes, 15 de Enero de 2007Tarde, como siempre (y últimamente más), encontré esta perlita que en macadamia sabían que me iba a gustar: entrevista a Jacobo Fitz-James Stuart, fundador de Siruela y luego, de Atalanta.

Más allá de la semi-satisfacción/semi-sorpresa de saber que existe un aristócrata que a estas alturas no vive del cuento sino de los buenos libros… la entrevista está plagada de hilos sugerentes. Carlos, que la encontró, ya comenta la bonita filosofía de la editorial… yo esta vez me centro en lo vital.
Jacobo Siruela va enlazando sus objetivos personales y profesionales; de ahí el título, “El lujo de trabajar y vivir libre”… ¡casi nada! Siempre me seducen los planteamientos en que lo personal y lo profesional se funden, porque soy incapaz de separarme en facetas. Necesito saber que mi trabajo es útil y bueno, y hacerlo con ilusión, para sentirme bien. Y si no, es que algo falla.
Fundé una editorial porque me gustaba leer, y más tarde vendí mi empresa, en parte, por la misma razón.
Taaaaan Tisana esta reflexión…
Deseo intervenir en todos los procesos de elaboración de los libros. Reunirme de un buenísimo equipo e intentar hacer las cosas de la mejor manera posible, vindicando la buena labor artesanal por encima de todo. Quiero tener un excelente taller artesanal de este nuevo siglo.
¿editorial2.amor? suena a desconferencia este moderno artesano…
“Empezar de nuevo a los 50 años comporta un ejercicio de humildad considerable. (…) Pero, por otro lado, ¡rejuveneces tanto! Mi decisión fue radical. Decidí dejarlo todo atrás, incluso a mis autores, y eso, en algunos casos, me resultó muy penoso. Pero creo que esto era lo más limpio y responsable de cara a todos ellos.
La necesidad de empezar de nuevo, la pena por todo lo que se deja atrás, la inquietud por el futuro de repente incierto, la ilusión de una vida nueva, a estrenar. La responsabilidad.
Y algo que me da mucha envidia, y dudo que sea un farol:
solamente me encuentro cómodo andando todos los meses por 25 siglos. (…) Limitarse solamente a los dos últimos siglos es como ver la imagen de la cultura o la literatura en dos dimensiones.


