1. Delhi
En Enero, Delhi es una ciudad envuelta en una nube que lo enturbia todo y huele a pis. Yo, que siempre he sido mas de ciudades que de campo (o no?) siento que Delhi es demasiado para mi: demasiada gente, demasiado ruido, demasiada tos. Me pica la garganta y me agobia no poder mirar a los ninyos a los ojos, porque me van a perseguir durante horas para que les de un euro. El cielo es gris y el sol se intuye mas que verse. Es una ciudad dura, ajetreada, donde las mujeres, fumadoras, zurdas, se sienten pelin fuera de lugar. A buscar otro!
Aun asi, mil cosas de Delhi que merecen la pena: la primera, una cara conocida (same-same :) en el bazar; las callejuelas traseras a las calles principales; desayunar en las terrazas, gran descubrimiento los roof-tops, que permiten toser con un poco de altura, alejarse del ajetreo y agradecer lo que tardan en traer la comida para fumar tranquilamente el segundo, el tercer y el cuarto Red&White.
El clerck del Hotel Krishna, risuenyo. A los indios cuesta hacerles sonreir, pero tienen humor, y eso mola. Lo que pasa es que a veces son tan serios que no sabe uno si le van a morder al intentar provocar la carcajada. Pero suele funcionar.
Una de cine: “Welcome”, toda una experiencia, aunque me quedara dormida. Tremendix. La mezquita impresionante, llena de ninyas, “alo, what your name, where you from?”, el pollo frito y refrito, banana lassi, thalli, dosa, masala chai y mil cosas mas… y la companyia, Felipe, Quinyones, Olga, Itzi. Ellas de vuelta y nosotros llegando. Empecemos yendonos.