el lad ón de let as
las letras, como los números, pueden llegar a obsesionar. de una en una o en pelotón, y vaya usted a saber por qué. yo -por poner un ejemplo cercano-, sigo dándole vueltas a la naturaleza del cinco, y apreciando los matices de la g minúscula en las diversas tipografías.

digna de una novela de juanjo millás (somos fanes), maestro del frenillo y del surrealismo obsesivo, es la fantástica historia del ladrón de erres de greencastle. traduzco un poco:
Un ladrón amante de las consonantes tiene desconcertados a empresarios y a la policía de Greencastle (Indiana), donde han sido robadas docenas de “erres” de rótulos por toda la ciudad.
“We’ve lost our Rs. And we want them back,” said Randall Jones, president of Headley Hardware.
(más bien ‘Andall Jones, pesident of Headley Hadwae’… supongo)
[la foto es de missha, que no para de hacer cosas la tía (también semos fanes), durante el seminario de tipografía ligaduras 2006]
1 de Agosto, 2006 - 21:16
Vaya imprenta patatera. Buena guarnición para un plato de simpatia.
2 de Agosto, 2006 - 10:01
Vaya noticia, estoy intrigada, seguré el tema para ver como termina el asunto.
2 de Agosto, 2006 - 18:17
la g minúscula también es mi letra favorita :D
pd: el sentimiento fan es mutuo :P
7 de Agosto, 2006 - 23:42
qué casualidad, missha :-) qué buen gusto tenemos, jeje
8 de Agosto, 2006 - 0:32
Si las letra son robadas, los números roban… Acabo de ver una película que me ha robado el corazón. Mi vida en 65′… Lo que más me ha impactado es lo mucho que Tamara Arias me ha recordado a tí…
Uf, tremenda sensibilidad!!! Si todos son así, que vivan los ladrones.
Yo, me dejo… :)
8 de Agosto, 2006 - 2:34
¿sí? habrá que verla :-) ¡gracias!
11 de Agosto, 2006 - 13:37
[…] Curiosamente mientras leía el libro de Millás, Boca Dorada me enviaba una pista sobre un pocible inquilino de mi galería de personajes: El ladrón de erres. Lo había leído en Ludita.net, y para allí me fui. Ludita curiosamente comenta que es una historia digna de Millás. Yo añado para cerrar el círculo, que si escucháis a Millás, a el también le han robado las erres cuando habla. Todo encaja. […]